Haciendo frente a la ciberdelincuencia (I)




La expansión del ordenador y de internet son muy rápidos. Cada vez son de menor tamaño; si antes era difícil moverlo de un lugar a otro ahora prácticamente los llevamos en el bolsillo en forma de tablets o smartphones. Debido a este desarrollo, los equipos se utilizan con mucha frecuencia. Hacemos nuestro trabajo importante con la ayuda del ordenador. En otras palabras, podemos decir que nuestra dependencia respecto de un ordenador aumenta hasta un nivel en que “no podemos vivir sin él”.

Qué es la ciberdelincuencia y por qué es tal habitual

La ciberdelincuencia consiste básicamente en cualquier delito o actividad ilegal cometido con la ayuda de un ordenador o internet contra una persona, sus bienes, negocios o el propio gobierno, y también se le conoce como delito informático. Esencialmente es la extensión de los delitos tradicionales con la ayuda de estas técnicas y, al igual que los crímenes tradicionales, las penas pueden ser de prisión o multa, o ambas a la vez, y la persona que ha hecho esto es llamada “criminal”.

Un crimen de cualquier naturaleza no es bueno para ninguna sociedad. Se estima que en la actualidad se producen unos diez delitos cibernéticos por minuto que afectan tanto a personas como a sus bienes, negocios, gobiernos u organizaciones. Pero ¿por qué se produce tan fácilmente?La respuesta reside en la propia naturaleza de la delincuencia informática, de gran facilidad, por lo que ocurre muy a menudo. Existe una amplia variedad de cometer un delito informático. Si alguien piensa cometer un delito tradicional requiere de un montón de cosas y el riesgo es también muy alto sin embargo, para cometer un delito informático, la única necesidad está ahí, un ordenador con conexión a internet y las propias habilidades de la persona de tal forma que es capaz de hacerlo desde la intimidad de su propio hogar. Supongamos que una persona quiera hackear la contraseña de correo electrónico de otra; tan solo necesita un programa de hackeo de contraseñas y algunos datos personales de su víctima y listo.

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Qué consecuencias tienen los delitos informáticos

Cualquier tipo de delito es perjudicial para la sociedad, ya sea un delito tradicional o crimen de ciberdelincuencia. El objetivo promordial de estos criminales cibernéticos es la información, los datos, ya sea de las personas ya sea de las organizaciones, una práctica virtual que conlleva siempre efectos reales y que afecta de cuatro modos esenciales:

  1. Contra las personas Una persona es un blanco fácil de los delincuentes cibernéticos y existen muchas maneras de cometer un delito informático contra una persona indivisual. Esto incluye la piratería de su cuenta de correo electrónico o redes sociales, descargar sus datos protegidos, publicar algo en su nombre…
  1. Contra el patrimonio. De esta forma los delincuentes utilizan los datos personales relacionados con el dinero y la propiedad bien robándolos directamente bien utilizándolos para cometer fraudes y obtener así ganancias ilegales.
  1. Contra de las empresas. Los delincuentes hackean el servidor de una empresa y destruyen los datos de ésta lo que supone una gran pérdida. También pueden provocar una pérdida de dinero o vender esos datos a la competencia.
  1. Contra los gobiernos e instituciones. Los gobiernos y las instituciones también son un objetivo de los ciberdelincuentes que pueden piratear los datos sensibles de los sitios oficiales gubernamentales y hacer un mal uso de esta información.

El mundo contra la ciberdelincuencia

La ventaja con la que cuenta el ciberdelincuente es que puede actuar contra cualquier persona, empresa, etcétera sin importar el lugar del mundo donde ambos se encuentren por ello existe la necesidad de un derecho internacional capaz de luchar de forma efectiva contra la ciberdelincuencia. Así, la comunidad internacional trabaja en elaborar una ley internacional de gran alcance contra el delito cibernético que entra en funcionamiento a través de la firma de tratados y convenios entre los diferentes países del mundo

La Convención de Budapest de 2001 suposo un gran salto en la lucha contra el cibercrimen. Su acuerdo fue firmado por treinta países, entre ellos Japón, Canadá y EE.UU.. e implicaba organizar una fuerza cibernética internacional para investigar los delitos cibernéticos.


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