Espiar a los hijos en Internet o enseñarlos a protegerse




Uso de Internet por parte de los jóvenes y la protección de los padres

El temor ante lo que los hijos puedan encontrarse en las redes sociales provoca todo tipo de reacciones por parte de los progenitores. Hay algunos que no son capaces de llegar a un consenso con sus descendientes respecto al uso de las nuevas tecnologías y recurren a “técnicas de espionaje” cuyo uso plantea cuestiones relativas a la privacidad de los menores y a la ética o moralidad por parte de sus padres.

 

jóvenes e internet
Existen programas informáticos “invisibles” para vigilar las conexiones a redes sociales o alertas que informan cuando las palabras sexo o drogas aparecen en las conversaciones de los menores. Lo llamados spyware son programas que permiten vigilar la actividad de los hijos a través de Internet: son capaces de rastrear las páginas que visitan y también controlar los mensajes de los correos electrónicos. No obstante, la comunicación a través de e-mails apenas se emplea en determinados colectivos, siendo la mensajería instantánea uno de los métodos más usados por los adolescentes, por eso los smartphones también tienen sistemas de vigilancia. Generalmente en estos aparatos se controlan las aplicaciones e incluso las llamadas o mensajes recibidos en los móviles de los chicos.

 

 
Otros programas permiten establecer límites de navegación y bloquear determinadas páginas de Internet. Y también existen dispositivos más profesionales de seguimiento GPS, por ejemplo, pero a estos se suele acudir en casos muy extremos.
La cuestión es si los padres han de recurrir a estos métodos o no. Sus defensores aseguran que no se trata de atentar contra la privacidad de los menores, sino de protegerles, es decir, es algo que se hace por su bien.

 
Otras corrientes abogan por el diálogo y la información. En la mayoría de las ocasiones resulta más práctico explicar a los hijos los riesgos que entrañan las redes sociales que espiarles a sus espaldas. Las conversaciones con desconocidos o lo relativo al sexo son elementos sobre los que se les debe informar verbalmente, así como de sus riesgos. Una vigilancia excesiva a determinadas edades puede llegar a ser contraproducente y provocar reacciones inesperadas. Un claro ejemplo de lo poco eficaz que resultan estas alternativas es el consumo de drogas, ya que éste puede efectuarse al margen de las nuevas tecnologías, por lo que en estos caso es posible que el espionaje no contribuya a realizar ninguna pesquisa.

 

 
Charlas en las aulas y mucha comunicación suelen ser suficientes en la mayoría de las ocasiones para realizar un control moderado del uso de las nuevas tecnologías por parte de los más jóvenes. En casos más complejos el diálogo sigue siendo la mejor herramienta, pero si no se consigue llegar a un acuerdo con el vástago, una alternativa es acudir a un psicólogo experto en la materia para que oriente a los padres al menos en cuanto a la forma de proceder.

 
Hay que enseñarles, sobre todo, a pedir ayuda si son víctimas de algún acoso por la Red y denunciar siempre para, entre otras cosas, evitar que el acosador haga daño a otras personas.


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