Los delitos contra la integridad moral se castigan




Delitos contra la integridad moral

 

Los delitos contra la integridad moral cometidos a través de las nuevas tecnologías son una realidad cada vez más presente en la sociedad actual, y el problema muchas veces e complica porque en numerosas ocasiones las víctimas son menores. Recientemente ha salido a la luz un caso en Gijón en el que un joven de 19 años difundió por internet una fotografía trucada de una menor. Lo que hizo el acusado en concreto fue usar la imagen de la chica vinculándola a escenas de contenido sexual y la difundió por la Red.

 

Cuando la víctima detectó lo ocurrido no dudó en presentar la correspondiente denuncia y los agentes telemáticos detectaron al delincuente procediendo a su detención.

 

Protección de datos

 

Las autoridades son muy explícitas en este sentido: los delitos contra la integridad moral atentan contra la dignidad de la persona y este tipo de acciones en Internet se persiguen y castigan, por lo que no hay que tener miedo a la hora de presentar una denuncia.

 

En muchas ocasiones este tipo de actos se cometen sin tener una plena conciencia del daño que se está cometiendo. En este caso en concreto, el detenido afirmó que no pretendía dañar a la víctima, si no simplemente llamar su atención. Aunque no sabemos si la “excusa” del detenido es cierta, a veces se actúa de este modo pensando realmente que no se va a causar un gran daño ni se plantean las posibles consecuencias piscológicas de las personas implicadas. De hecho, en este caso concreto la menor aseguró a la policía que “tenía miedo de salir de su vivienda por temor a que la estuvieran vigilando.”

 

La actitud del acusado también es un reflejo de la sensación generalizada que hay sobre este tipo de actuaciones, pues aún se piensa que quienes cometen estos actos gozan de cierta impunidad, una creencia falsa, pues este tipo de delitos contra la integridad moral están recogidos en el Código Penal. De hecho, las autoridades son muy claras en este sentido e insisten en que la manipulación y difusión de imágenes pueden atentar contra la intimidad de las personas y el hecho se agrava más cuando en estas aparecen menores de edad.

 

Muchas veces las manipulaciones que conllevan tratos vejatorios o connotaciones sexuales se ven como una broma y no se consideran acciones graves porque no se piensa en las consecuencias ni hasta qué punto pueden perjudicar al afectado. No se admiten, por tanto, como “excusas” para justificar estas actuaciones el hecho de que se trataba de una broma o una burla o el decir: “No pensaba que…” Hoy día todo el mundo sabe que lo que se difunde por las redes sociales deja un rastro muy difícil de borrar y sus efectos pueden ser irrevesibles. El respeto a los demás debe mantenerse en todo momento y ampararse en el anonimato que muchas veces permiten las redes sociales no debe entenderse como una forma de impunidad, pues las autoridades pueden seguir a quienes haya detrás de los delitos contra la integridad moral en las redes sociales, precisamente por ese rastro que dejan.


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